SIMPLEMENTE DE BULNES

Crecer en una pequeña ciudad como Bulnes no es una tarea sencilla. Existen montones de problemas como locomoción pública eficiente, acceso a servicios de salud de calidad, obligación de transformarnos en migrantes buscando empleo, un comercio con oferta reducida de bienes y servicios, lugares de entretención van en retirada, y un sinfín de cosas más que quienes viven permanentemente ahí deben recordar. Esto es actualmente, quizás las personas antes se adaptaban de mejor manera al paso cansino del tiempo.

Pero tambien tiene su lado B, no todo es malo en crecer en una ciudad pequeña, para empezar todos o gran parte de nosotros nos conocemos de niños. Porque fuimos a las disco peques, nos saludamos en rasquilandia, o haciendo fila para comer papas fritas o en la IMPERIO disco, asistimos a la escuela de verano alguna vez, nos pillamos en las actividades de carnaval o jugando a la pelota en alguna calle o en el mismisimo gimnasio municipal. Y desde ese momento, tus papás eran tíos de una orda de niños que en esos años antes de Netflix y Spotify, eran la única entretención en nuestros hogares junto a Sábado Gigantes y el cabezón Don Francisco.

No se podía ocultar ser de Bulnes, su escencia te sigue. Los modismos son únicos, y como con suerte habían dos canales de tv y el único cable era de ropa, salías pillado que no eras de Chillán ni otra ciudad más grande en el acto al hablar de que viste el día antes. Hablabamos con total naturalidad de las zorras de caballo, longanizas y los vinos bigoteados, una mezcla rupestre civilizada que sumada a los relatos fantasiosos y místicos, eran horas de diversión garantizada en tantas juntas en nuestras seguras calles y plazas.

Hoy son otros tiempos, ya no somos niños, ni salimos corriendo por las calles despúes de pegarnos monumentales cagadas, pero hay lugares y recuerdos que quedan plasmados en nuestra memoria e imaginación, como olvidar de esos años las noches comiendo papitas fritas, subir árboles, los tarros de carburo, los paseos al campo, las pichangas interminables a todo sol, los carnavales de verano, nuestro grupo scout CRUZ DEL SUR, el olor de los aromos, ir a bañarse a los rios o la piscina municipal, los helados en bolsita, y cuantas cosas más que no recuerdo precisamente al redactar estas palabras.

Tuve la suerte de nacer en Bulnes, y me gusta que así sea. Tengo hermosos recuerdos de la gente y los lugares. Cada vez que vuelvo, parece que tomo un viaje en el tiempo a mi infancia. Claro que los avances también han llegado y algunas cosas ya no son iguales, pero aún puedo salir y encontrarme con antiguos vecinos en sus calles y aromas conocidos, esos que la gran ciudad a la fecha no me ha dado. Espero jamás pierda su escencia de pueblo que lo hace tan caracteristico, sin olvidar poner un ojo en el mañana por los que vienen.

Si piensas que la ciudad que tu naciste es la más hermosa del mundo, tienes toda la razón. Pero yo soy simplemente de Bulnes, y para mi, no hay ciudad más hermosa que visitar de corazón.

-Gonza

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