EL ABUELO DE LA PLAZA

Dicen que en la plaza hay un abuelo, para el cúal el tiempo pasa entre el frío y las hojas que sacuden sus ramas para saludar su andar. -Tiempo sin memoria-, vocifera el viento en su rápida carrera. Tarea incansable espera a este titán que lucha contra su propio molino de viento cúal Quijote, ante tanta reverencia de admiración de aquellos añosos pasados gigantes guardianes verdes que hoy dan pie a lucha de reyes. Insignificante batalla para un viejo emperador de corona de tela derroida y cabello de plata.

En sus manos tatuadas de surcos de nostalgia, blande una espada continua de mango de madera y un escudo de plástico industrial, simples accesorios de combate de este emperador que no precisa de guardia. La batalla la ha dado por años en su debilitada mente, que no juzga espacio ni forma. Solo el ahínco de lograr concretar su misión, y devuelve una reverencia incansable a los honores de su guardia no solicitada, que en su nobleza natural generan un mal sin retorno al viejo emperador.

Este viejo que cuenta las horas y riquezas en hojas, simpleza infinita de mágnifico ser. Quizás incontables historias de batallas ganadas y amores pérdidos, deben deambular en su mente mientras ataca con furia cada nueva ofrenda. Más los recursos disminuyen, la guardia lo sabe, y pronto proyectíles humedos reclamarán su lugar. La batalla no acaba, el viejo lo sabe. Cambiara sus ofrendas, sabe Dios porqué.

Mas el viejo emperador continuará su labor, contra viento y marea, porque la inmortalidad no tiene tiempo definido, y un legado dura más que una persona, el abuelo de la plaza no lo tiene claro pése a su experiencia, solo sabe que día a día se hace más pesado el andar. Pero seguro prefiere una puñalada mortal de hielo en dónde el vive y reina, que en el camino del olvido, dónde muchos han transitado y ya nadie recuerda, porque el camino no tiene memoria, pero la guardia eterna del loco y viejo emperador, siempre rendidará tributo al abuelo incansable de la plaza. Aunque pierda la batalla definitiva, y se siente como emperador, amo y señor de una memoria colectiva, y ese reino es eterno y sin nuevas guerras.

En homenaje de Don Herney, batallador incansable. Ojalá este en buen resguardo en esta crisis sanitaria que hoy nos aqueja.

-Gonza

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